Leyendas

Rojales cuenta en su patrimonio cultural con algunas de las leyendas más famosas de la Vega Baja del Segura y de la provincia de Alicante.

La Leyenda de la Encantá

La Encantá es la leyenda más famosa de Rojales. La historia cuenta que hace ya bastantes siglos, en el Medievo, una princesa árabe llamada Zulaida o Zoraida se enamora de un príncipe cristiano, provocando las iras de su padre, el rey moro, que la maldice a vivir por siempre encantada dentro del monte redondo llamado Cabezo Soler, al lado del río Segura, en el camino que va del pueblo de Rojales a Guardamar. Todos los años, y sólo en la Noche de San Juan, la Encantá se aparece en el Cabecico Soler para que alguien la libere. Si algún hombre valiente se encuentra con ella, la Encantá le pedirá que la lleve en brazos hasta el río Segura para bañar sus pies y así poder romper el maleficio. Pero para el hombre que la lleva, la Encantá se hace cada vez más pesada, por no mencionar a los monstruos que salen a su encuentro, provocando que el pobre valiente caiga desfallecido al suelo soltando a la princesa y cargando a su vez con una nueva maldición, la de morir pisándose la lengua.

Esta leyenda ha sido recordada gracias a la tradición oral y a la novelización del escritor Fausto Cartagena. También existe una obra teatral escrita por Salvador García Aguilar, que fue dirigida con gran éxito por el afamado director Alberto González Vergel y un mediometraje con título La leyenda de la Encantá, dirigido por Francisco Jorge Mora García y Joaquín Manuel Murcia Meseguer en el año 2002 y que obtuvo la Mención Especial en su categoría en el Festival Internacional de Cine Cinema Jove de Valencia. Años después, el compositor Francisco Jorge Mora García, compone varias piezas instrumentales y corales inspiradas en la leyenda de la Encantá («Noche de San Juan», «Tema de Zulaida», «Batalla en el Cabezo Soler»,…).

La Leyenda de la Cruz de la Beata

Existe en Rojales, cerca del Monte la Talaya, un gran montón de piedras que forman una cruz en el suelo. La tradición cuenta que se debe echar un piedra en esta cruz para que no se aparezca la beata. El orígen de la leyenda está en el último tercio del siglo XIX. Don Tomás Sánchez, personaje acaudalado del pueblo y de grandes influencias políticas en la Vega Baja, estaba casado con Doña Ramona. Su hija Conchita, ere una joven de agradable apariencia pero que, al parecer, según la visión de la época, sufría trastornos mentales que podían derivar en convulsiones y pérdida de conocimiento. La joven tenía como único amigo al perro de la familia. Un día, una pareja llega al pueblo haciéndose pasar por hermanos. Se trataba de Pedro y Josefa. El carácter usurero de Pedro, así como el extraño comportamiento de estos supuestos hermanos,hizo que pronto se ganaran la desconfianza de algunos vecinos del pueblo. Pedro y Josefa compraron un olivar cerca de la finca de Don Tomás Sánchez, trabando gran amistad con la familia. A la muerte de Don Pedro, Doña Ramona cae en una profunda depresión, pasando Pedro a autoproclamarse administrador de la finca con fin de “ayudar” a la desdichada familia. Al poco tiempo, se hace público el casamiento de Pedro con la pobre Conchita, la inocente hija de Don Tomás. Esto provoca el escándalo en el pueblo, que ve con muy malos ojos esta unión. El alcalde y el cura intentan evitar el enlace pero finalmente se lleva acabo. Doña Ramona no tarda en morir y es entonces cuando comienzan los malos tratos a Conchita. Pedro encierra a la muchacha en un cuarto oscuro, llegándola a atar con correas. Lo que parecían habladurías se confirma. Pedro y Josefa no son hermanos sino amantes que llegan al pueblo huyendo de un oscuro pasado. Propensos a la bebida, una noche desnudan a Conchita y abusan de ella. Cuando duermen profundamente presas de la embriaguez, Conchita los mata con una barra de hierro y los arrastra al campo, echándolos en una hondonada del terreno. Al día siguiente unos pastores encuentran a la joven muchacha medio desnuda intentando enterrar con piedras a la pareja de malhechores. Conchita es ingresada en un manicomio. Muchos años después vuelve al pueblo, pasándo casi todas sus horas rezando en la Iglesia y llevando a cabo obras de caridad. Manda levantar una cruz donde intentó enterrar a Pedro y Josefa y pide a todos los transeúntes que arrojen una piedra al suelo, ya que ella no fue capaz de enterrar en condiciones a la paeja y teme que se le aparezcan. Cuando Conchita muere es enterrada, según su última voluntad, en este lugar. Hoy en día no queda rastro de la cruz que mandó levantar Conchita, pero si del montón de piedras en forma de cruz. Los rojaleros, cuando encuentran este montículo cercano al monte la Talaya, depositan una piedra en este lugar para que no se aparezca la beata. Esta leyenda fue novelizada por el escritor Fausto Cartagena.

La niña perdida de Rojales

Aunque aparezca en este apartado, hemos de decir que esta historia tiene personajes reales que afirman que todo lo ocurrido fue real. La niña Encarnación Hernández se perdió el 8 de enero de 1896 y subió hasta el monte. No se encontró y pasó toda la noche a la intemperie. Al día siguiente se pensó que la niña podría estar muerta y la sorpresa vino cuando fue localizada ilesa en un lugar diferente en el que se perdió, el barranco del Búho. Ella comentó que no sabía cómo había llegado al barranco pero que una mujer de blanco resplandeciente la protegía con un delantal para protegerla del frío y que en ningún momento pasó hambre y sed. Al entrar en la Iglesia con su familia para dar gracias, la niña identificó a su protectora al ver la imagen de la Virgen del Carmen.

La aparición de la Virgen del Rosario

Pintura sobre la aparición de la Virgen del Rosario realizada por la pintora rojalera Isabel Bas para la Capilla de la Virgen del Rosario de la Iglesia de Rojales.

Esta historia, para muchos, no es una leyenda sino un hecho real. Cuentan que el día 16 de abril de 1936, la niña Engracia Feliu Hernández, hija de la niña perdida de 1896, estaba jugando con unas amigas cerca del río cuando vieron un gran resplandor envuelto en humo que se extendía sobre las ramas de un álamo. Al acercarse pudieron ver como esta luminaria tenía la forma de una mujer con manto que sostenía un niño. Pronto la identificaron como la Virgen del Rosario, patrona de la localidad. Esta visión provocó un gran alboroto en la vecindad, que inundó las calles en un instante.

Algunos, incrédulos ante lo que veían decidieron, en primer lugar, apagar las luces del pueblo y, seguidamente, tras comprobar que no se trataba de ningún foco o reflejo, cortar el álamo. Al caer el álamo, la imagen continuó un rato en el aire hasta que desapareció. Esta historia esta recogida con maestría en los escritos del cronista Fausto Cartagena: “…Recuerdo haber visto un resplandor vivísimo en lo más alto del árbol; un resplandor extraño, desacostumbrado, que en su contorno figuraba como la imagen de una Virgen.Mirando uno fijo parecía vérsele la cara, los brazos, los pies y siempre esa sobrenatural atmósfera que envuelve lo Divino, aureola mágica de luz desconocida. Y era la Virgen del Rosario porque estábamos en Rojales. Eso nadie lo puso en